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Cine negro

mayo 8, 2009
Feriado. Tras reandar mis pasos de adolescente maravillado por las licencias de la mayoría de edad, llegué al viejo cine del Centro de Lima. Hace décadas albergó las fantásticas matinales de vaqueros y hoy proyecta, solo para adultos, a la talentosas “Leslie Kiss” o “Sandra G” en faenas maratónicas de desnudos, piruetas y gemidos, los cuales se pueden gozar una vez doblada la esquina, ya que el ingreso es por la transversal.
Veo la exhibición de los títulos más sugerentes del mercado del “video sex” español y americano en enormes letras fosforescentes. En la taquilla una jovencita, previa muestra de mi DNI, me cobra 4 soles por los que puedo estar las 11 horas de función continua, luego un anciano supervisor me invita paternalmente a pasar por uno de los varios accesos de la única sala.
La usadísima cinta ya había comenzado a correr. El ritual erótico de turno será en una cama de hospital. Busco a tientas un asiento como otras ambulantes siluetas de hombres solitarios que buscan ver entre el humo lo que no pueden emular en sus alcobas. También algunos obreros y estudiantes se solazan comentando en grupo la calidad de la mal doblado filme, la dificultad de las posturas o conmiserándose con la protagonista sadomasoquista.

De arriba a abajo se pasean prostitutas y unos cuantos homosexuales menores de edad rozando los hombros de los ebrios e inspirados espectadores para ofrecer sus bocas y con suerte pasar al contrapunto de: “¿cuánto cobras?”, “barato, 10 solcitos papi”, seguir con “no seas malo, menos” y llegar a “te los dejo en cinco” que precede a un juego de acomodos y contorsiones entre las butacas pobladas de fumadores de mediana edad y bajos ingresos.

Unos pasos más allá de la salida pateo la puerta que no me atrevo a manipular y entro raudo a uno de los cubículos del baño, de pisos y lavaderos desinfectados con un perfumado clado de colores que aún no se disuelve. En el apartado contiguo dos pares de zapatos masculinos, unos delante de otros trastabillan para estabilizarse sin hacer mucho ruido con la agitación de sus respiraciones. La función afuera continúa.